miércoles, julio 30, 2008

Adolf Loos


Todos somos Adolf Loos

Permítame Sr. Decano demostrarle por que hace años que vengo diciendo a quien quiera escucharme que necesitamos la materia Adolf Loos con urgencia en nuestra facultad, es que nadie se revela, ni mucho menos se rebela, en estos benditos tiempos, nadie falta el respeto, por que? Fácil, no tenemos a nadie a quien faltarle el respeto, quiero decir, tipos como Adolf Loos no te enseñan arquitectura, te enseñan a vivir como un diseñador, o como un soñador que es lo mismo, Sr Decano quiero decir que estos pibes necesitan un Héroe.

Adolf Loos nació en uno de los imperios mas grandes de Europa, el Austro-Hungaro, en Brno, que luego fue Checoslovaquia, y hoy es República Checa, y mañana será Kamchatca.
Huérfano, recaló en el pueblo de sus abuelos maternos para estudiar en la misma institución que Joseph Hoffmann, su amigo – enemigo de la secesión vienesa, la meca era Viena.
No le sobraba nada, debía juntar peso por peso para hacer el trayecto de su casa al instituto, y en algún caso debió hacer ese trayecto que en tren demoraba 40 minutos, a pié.
Un día dijo basta y mintió que había conseguido trabajo en América, l´américa¡¡¡¡
Loos tenía alma de dandi, siempre bien vestido desde que volvió de su viaje de la tierra de los sueños : New York mas precisamente, pero no la tuvo fácil en la gran manzana, fue carpintero, ayudante de peluquería, y vivió de la ayuda social, hasta que consiguió un trabajo como crítico de opera, allí nació su pasión por la escritura que lo transformaría en uno de los arquitectos mas prolíferos en este campo.
De regreso a Europa le parecía todo demasiado acartonado y lucho contra eso, siempre bien vestido aún cuando no tenía ni un cospel en el bolsillo, decía : “un joven es verdaderamente rico cuando tiene sentido común en su cabeza y un buen traje en su armario”.
Loss se hizo conocido en el círculo cultural de Viena muy rápidamente y fue amigo desde siempre de Oscar Kokoschka, el atribulado, temeroso y talentoso pintor al que Loos le compraba los cuadros solo para que este no los pintara arriba, inseparable de Arnold Schomberg, el genial compositor, que declaró deber a Adolf Loos su música despojada de ornamentos, con el escritor Peter Altenberg cerraban todos los bares, que decía estar “en su trigésimo cuarto aniversario sin Dios en el café central de Viena” que es como encontrar a Salzano, Molina Campos, y la Mona Jiménez, en el Sorocabana un jueves a las tres de la mañana.
Finalizado el período heroico de supervivencia comienza su lucha contra el ornamento en la arquitectura y el artesanado, comienza a escribir en la prensa sobre exposiciones de muebles y realiza su primer trabajo de interiorismo, las sastrerías Ebenstein.
La secesión ya estaba en marcha, Loos era ignorado y respondía desde su revista Das Andere –Lo Otro- en respuesta a la propuesta de su ex condiscípulo Hoffmann quien no le da lugar en la primera muestra que realiza la Secesión.
En 1908, aparece su obra cumbre: Delito y Ornamento, escandalizó a la sociedad de la época, como siempre ocurre cuando alguien cuestiona los órdenes establecidos, dijo: “la evolución cultural de una sociedad se refleja en la eliminación del ornamento de todos los objetos”, y debió tirarse de cabeza a las trincheras para que los dardos apuntados a su lengua no le acertaran.
Pero existía gente que confiaba en él y vendrían las obras mas importantes: el Café Museum, las Villas, Turnowsky, Steiner, Muller, Moller, la casa de Tristan Tzara en París, y la famosa casa de Michaelerplatz que provocó una verdadera revolución en Viena, la simplicidad y falta de ornamentos provocó que la autoridades de Viena detuvieran la obra, la prensa se burlaba calificando la obra como la vergüenza de Viena, Loos enfermó del estómago, debió ser operado, pero se levantó de su cama en el hospital para dictar una conferencia
que llevaría el nombre de “Un horror de casa” tal como la había calificado un funcionario municipal, asistieron mas de dos mil personas, el futuro ya estaba allí, nadie podía detenerlo.

En 1912 rechazan su candidatura para sustituir a Otto Wargner en la academia, entonces lejos de aceptar manso el mandato, crea su propia academia, la Escuela de Arquitectos de Viena Adolf Loos.
Seguía repitiendo hasta el cansancio que la guerra –una de las tantas que nunca faltan- “se había perdido por el mal diseño de los uniformes de los soldados, las botas eran terribles”
Se separó y volvió a casar, seguía viajando, amigo de Josephine Baker, en el salón de Otoño de Paris es recibido por Le Corbucier como un pionero, las vueltas de la vida lo encuentra como jefe de urbanismo de Viena, mas tarde por desavenencias con las autoridades se muda a Paris, su mujer decide quedarse en Viena, el whisky y algunos amigos acompañan al arquitecto, los últimos años de su vida la pasa dictando conferencias por todo Europa, rechaza la invitación al congreso de Arquitectura Modera CIAM, en estos años ya casi sordo, es cuidado por su amiga Clara Beck que se convertirá en su tercera esposa.
Un rebelde de aquellos que mueren con las botas puestas, defendiendo lo suyo hasta el final, enfrentó a toda una sociedad, a una nación, y ganó, nunca lo supo pero ganó, todos debemos algo al gran Adolf Loos, todos somos Adolf Loos, o eso quisiéramos….
Aquí, el JTP Raso, J. Gallardo, legajo: tressieteseisnomeacuerdomas reportándose desde Córdoba, la ciudad sin héroes y de mentes demasiado… pero demasiado obedientes.